Suspirar

Hiel en la calma de unas manos, muertas.
Arrancan fugaces todo iracundo y opresor temor,
Aquí atino bajo la necedad de vikingos,
La persistencia del aliento,
De los sueños que ya no tengo.

Y no tengo prisa para morir,
Ni vivir.

En este mundo,
He logrado eternidad,
En una mirada que sabré conservar.
Suficientemente cerca para volver a suspirar.

Ana Lerma 2017

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