Imaginando el deseo, un vivido sueño

Año 2014, Texto Erótico.

<<  Juego con los protagonistas, como si ambos se hablaran con la mente recordando aquel 30 de diciembre de 2014>>

IMAGINANDO UN DESEO, UN VIVIDO SUEÑO.

Ella (Lucero) cerraba frecuentemente los ojos, pero disimulaba, bastante bien, lo que su cuerpo ya delataba; El (Alfonso) tan solo pensaba como acercarse, la había puesto tan nerviosa, que sus manos débiles, temblaban de emoción.
A pesar de sus esfuerzos por contenerse, Él, le robo esa caricia torpe y apresurada, Que ella tanto anhelaba, el vapor de aliento tibio e irresistible les advertia una pequeña vibración pelvica, y Lucero se sonrojo evidentemente en las mejillas.

Lucero lamia sus labios, miraba sus manos. Era imposible contenerse, el uno del otro.

-Él, cerro sus ojos
- Ella no sabía hacia dónde mirar; ese beso tan efímero, comenzó con aquel abrazo sin sentido, tal vez incidental.
(Por y para la ilusión de una pronta proximidad.) Su aroma... ya impregnaba mi regazo y mis manos lo rodeaban con cariño, con ternura.

Lucero recordaba -Al sentarme sobre Él, deje de apretar los ojos y sus muslos firmes, me sostenían.-

Alfonso le soñaba constante -Sus piernas se entre abrían para mi, Por mi. Y mis húmedos labios, perdían el control sobre Ella. Para Ella.-

Cada prenda sujetada a su piel, iba desprendiéndose lentamente. El suave aroma de su cabello que yo desconocía y
era sin embargo familiar, rozaba contra mi, sensaciones extrañas, arañando el orgullo.

Alfonso encendía cigarrillos al año siguiente y se sentía aun excitado - Bajo de mi, El arco de su espalda, dibujaba una imagen volátil, precisa... ¡Vaya! No podía concentrarme y tampoco dejar de
verle. Ahora yo, ya podía ver su mirada perdida, dolía.

Lucero siempre suspiraba cuando contenía las ansias de llamarle -Mis estrellas se distorsionaban, y nuestras gotas de sudor, se sentían frías, en nuestras pieles que hervían.- ( se reprochó.)

Noche tras noche Alfonso revivía aquella escena -Sobre sus pálidos pechos, se estrellaba, yo creía conocerla y conforme devoraba su cuerpo, quería "acabarla" sus piernas; encanto en común, sus caderas y yo; Giramos entre sombras, rastros y figuras, ( hoy ignoro su vida.)

El brillo tenue de la Luna (que esa noche ignoramos) abrigaba indiferente, la pena que nos amanecería.

Lucero moraba en la ventana de aquel edificio, citando perpetuamente los últimos momentos juntos, - Desnudos, besos eternos, confundidos o quizá avergonzados, tomaste mi mano y me incorporé en tu pecho masculinamente afelpado, sudado.
Te olí intentando guardarte por siempre, tu cuerpo adherido al mío, dormidos, perdidos. Te sentí observarme al dormir, cuando observaste por última vez:

sabía que ya no podrías despertar y decidí...
decidí abrazarte,
sonreír y soñar...

Era hora de partir, siempre al amanecer era hora de partir.-

Ana Lerma 2014

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